Hoy, hace 47 años fue ordenado de sacerdote el P. Francisco Andreo (Paco) fundador de la MCSPA. Para celebrarlo, queremos compartir con vosotros unas palabras que Cecilia Puig escribió para la misa celebrada en Madrid, el pasado 15 de febrero, con ocasión del 10º aniversario de la muerte de Paco.
“Aunque en Madrid siempre celebráis la misa del mes hoy es un dÃa especial porque nos hemos reunido aquà para celebrar el 10º aniversario de la ida de Paco a la Casa del Padre.
Es un buen dÃa para recordarle y darnos cuenta del impacto de su vida en la nuestra y en la de mucha gente alrededor del mundo. Parece mentira como un hombre que nació en Totana, Murcia en el año 1941, en plena postguerra civil española, ha dejado su huella en personas tan diversas y alejadas unas de otras, empezando en España, luego en Kenia y EtiopÃa (su tierra de misión y su casa) y también en Colombia, Bolivia, México y especialmente en Asia (Singapur, Malasia, Indonesia, la India….) En todos estos lugares hay personas que le llevan en el corazón y cuya vida de fe lleva el sello “paquianoâ€.
Paco nació el 6 de julio de 1941 como hemos dicho en una familia humilde de campesinos, tenÃan casa y tierras, pero todo lo perdieron por la sequÃa y la enfermedad del padre que se llamaba José. Conocieron el hambre, el hambre de verdad y tuvieron que emigrar a la Barcelona industrial en busca de trabajo.
La familia no era muy creyente o digamos no muy de iglesia, pero por algún motivo el párroco se habÃa fijado con Paco cuando era niño y querÃa ayudarle a estudiar, pero eso no pudo ser. Se fueron a Barcelona y se puso a trabajar de tejedor para ayudar a la familia. Pero Paco en su interior tenÃa una inquietud que no le dejaba tranquilo.
Fue durante el servicio militar cuando conoce a la Hijas de la Caridad y en especial a Sor Genoveva Massip que marcó su vida con su ejemplo de caridad para con los más pobres. Paco sólo tenÃa estudios de primaria y ya era mayor cuando Sor Genoveva le dice que “no hay mayor vocación que la de ser sacerdoteâ€. Pero Paco no lo veÃa posible, no sabÃa cómo.
No nos podemos alargar con muchos detalles, pero la cuestión es que con la ayuda de ella y del P. Vicente Paco llega a la Casa de Santiago, institución fundada por el P. Alfredo Rubio para vocaciones tardÃas. Y asà en la Casa, a través de muchas vicisitudes llega a ser sacerdote.
Durante su formación pasa un tiempo en Camerún y a partir de ahà Ãfrica queda marcada en él para siempre, será su tierra de misión, su sueño, su plan.
La formación que Paco habÃa recibido de Alfredo en la Casa de Santiago no era igual que la que normalmente se daba en los seminarios donde empezaban de niños en el seminario menor, etc. Eran un grupo pequeño, de hombres ya profesionales, como el propio P. Alfredo que era médico y era él mismo una vocación tardÃa. Otros compañeros de Paco eran también médicos o arquitectos, vocaciones que el P. Alfredo habÃa promovido como capellán de la universidad de Barcelona. Era una formación personalizada, de uno en uno, cada uno según su condición y necesidades pues no eran niños sino adultos y con puntos de partida distintos.
Pues aquà tenemos los dos personajes que más influyeron en Paco: el P. Alfredo Rubio, su pastor, su maestro, su mentor, que le acompañó siempre hasta su muerte, y la Madre Genoveva Massip que le querÃa como a un hijo y que se mantenÃan en comunicación por carta desde donde Paco estuviera.
Dios actúa de una forma increÃble en la vida de las personas, asà es como le transmitió a Paco ese don que le querÃa dar, ese nuevo carisma en la Iglesia, esa misión especial que él tenÃa que cumplir.
Paco es enviado a su primera parroquia, Santa MarÃa de Badalona, siendo todavÃa diácono y es donde será ordenado sacerdote. Allà es donde yo le conocÃ, cuando todavÃa estudiaba enfermerÃa. Le encargaron que reavivara la última misa del domingo por la mañana y esa misa se llenó de jóvenes. Y allà estaba yo, ante un sacerdote distinto, que hablaba del Evangelio en vivo, que nos implicó a todos: en la preparación de la misa, de la liturgia, de los cantos y sobre todo nos abrió lo ojos a la pobreza, la que podÃamos tocar no muy lejos de nuestras casas y a la que debÃamos dar una respuesta real y práctica, con hechos, no sólo con palabras.
De entre tantos que le escuchaban Paco nos fue llamando a cada uno de los primeros, nos invitaba a vivir en serio el Evangelio, a imitar la Jesús y sus discÃpulos y a las mujeres que le seguÃan y ayudaban con sus bienes. Y eso procurábamos hacer, poco a poco, paso a paso. A algunas nos envió a ayudar a Sor Genoveva en su casa de acogida a la gente de la calle en la Barceloneta. Con ella fuimos también a visitar presos a la cárcel Modelo en Barcelona. Ãbamos poco a poco descubriendo este mundo de la pobreza y el abandono y querÃamos hacer algo. Luego a Paco lo trasladaron a otras parroquias, de la de San Nicasio de Gavá surgió también una parte de los primeros que luego juntos formarÃamos una comunidad entorno a Paco.
¿Qué veÃamos en Paco? Un sacerdote completamente motivado a promover vocaciones. En cualquier lugar, en cualquier momento, para él era el lugar adecuado para invitar a gente, para hablarles de la vocación, para llamarles a dejarlo todo y seguir a Jesucristo haciendo un cambio de vida radical. Sus puertas siempre estaban abiertas a cualquier persona que mostrara inquietud vocacional. Vinieron muchos y también muchos se fueron, pero nunca dejó de llamar, hasta el final de su vida. Siempre lleno de esperanza e ilusión en cada uno de los que se iban acercando.
Y dedicaba la mayor parte de su tiempo a nuestra formación. Con él aprendimos a leer el Evangelio, a interiorizarlo, a meditarlo, a aplicarlo a la vida de cada dÃa, a enamorarnos de Jesús, a entender y amar a la Iglesia como él lo hacÃa, siempre fiel a sus obispos donde fuera que estuviese.
Y también veÃamos a un hombre terriblemente sensible a la pobreza, a las necesidades de los demás, no podÃa dejarlo y no hacer nada, habÃa que dar una respuesta. Y esto es lo que pudimos hacer en Ãfrica, su lugar de misión y el nuestro.
También veÃamos un hombre de oración, desde que le conocimos Paco pasaba varias horas al dÃa en soledad y silencio, en cartuja decimos, y nos insistÃa en la importancia de que todos hiciéramos igual. DecÃa que para no dar palos de ciego hacÃan falta más horas de oración que de acción, decÃa que todo habÃa que consultarlo en la cartuja antes de tomar decisiones, que una actividad acelerada por ayudar a los demás no podÃa dar buenos frutos sin dedicar tiempo a la cartuja. TenÃamos que ser contemplativos en la acción.
Él decÃa que no hacÃa más que lo que le habÃan enseñado, que seguÃa los pasos de sus predecesores, se sentÃa discÃpulo más que maestro de lo que decÃa sentirse indigno, pero los que le hemos conocido durante tantos años sabemos que además de lo recibido él puso todo lo que él era, se dio todo completamente, sin guardarse nada para él. No tenÃa nada, no tenÃa posesiones, apenas ropa en su armario, todo lo daba.
En 1983 fueron las primeras mujeres a Kenia, luego yo fui en 1984. Ãbamos de prueba, siempre con el billete de vuelta por si querÃamos volver. Pero no volvimos. Encontramos un campo tan grande en el que poder trabajar a fondo que nos quedamos hasta hoy.
PodrÃa alargarme muchÃsimo y no debo. La cuestión es que Paco cumplió su misión y nos la pasó a nosotros, la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol y MarÃa Madre de la Iglesia, la institución de la Iglesia Católica que el fundó (sin querer como él decÃa).
No le faltaron persecuciones y problemas de todas clases, pero eso ya se sabe, está escrito en el Evangelio: “recibirás el ciento por uno con persecuciones, y después la vida eterna…â€
Definitivamente marcó la vida de los que formamos la gran familia de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, bueno, más que marcarla nos dio Vida en mayúsculas, una vida arraigada en Dios para llevar a los seres humanos a una vida digna y plena.
Paco se fue tranquilo un viernes 15 de febrero de 2013 a las 3 de la tarde. Nos dejó un enorme vacÃo, nos quedamos un poco desconcertados mirando al cielo. Pero pronto nos dimos cuenta de que su espÃritu sigue con nosotros, que no nos ha dejado, que su mano fuerte nos sigue sujetando en las dificultades, que nos sigue queriendo y velando por nosotros, y que allá, en la Vida Eterna nos espera para celebrar la gran fiesta de la amistad esa a la que él nos invitó a empezar a vivir aquà en la tierra.
Un abrazo.â€
Cecilia Puig MCSPA.