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Testimonio de Mi Vocación: Mª Josefa Nuñez (Pepi)

17 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Testimonio de Mi Vocación: Mª Josefa Nuñez (Pepi)”

No vengo de una familia especialmente religiosa, pero aún así, mis padres me han educado con valores cristianos. Recuerdo que cuando era pequeña siempre pensaba que cuando fuera mayor, trabajaría mucho para poder ayudar a la gente pobre que anda pidiendo por las calles.

 

Cuando tenía 17 años, pertenecía a un grupo de catequesis, nos estábamos preparando para el sacramento de la Confirmación. El párroco, Eugenio Romero, cada semana que nos reuníamos venía a visitarnos. Nunca olvidaré sus palabras y su cara de felicidad cuando decía: “estoy enamorado de Jesús”. Fue en aquella época, cuando en el grupo de jóvenes le planteamos que además de reunirnos cada semana podríamos hacer alguna actividad para ayudar a los niños de África. Y dos miembros de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, Lourdes Larruy y Rosa Murillo, viajaron en coche hasta el pueblo de Trebujena (Cádiz),  para explicar la labor que estaban realizando en la región de Turkana, en el norte de Kenia. Para nosotros fue todo un gran evento esta visita y que nos dieran la posibilidad de poder ayudar a dos niños de allí, para que pudieran estudiar.

 

Fue a través de este encuentro como empezamos a organizar, en un local que nos dejaron los del Ayuntamiento de Trebujena, la venta de artesanía de Kenia y otras actividades que se nos iban ocurriendo.

 

Me sentía especialmente inconforme con la injusticia y la gran diferencia de formas de vida que permitíamos que hubiera en el mundo. Lourdes y Rosa volvieron a venir al año siguiente y les dije que yo quería ser “monja misionera” y que quería ir a Kenia. Me decidí entonces a explicárselo a mis padres, pero su reacción no fue muy positiva. Me dijeron que dejara de pensar en tonterías y me dedicara primero a estudiar. Recuerdo que les escribí una carta en la que explicaba que no estaba de acuerdo con muchas cosas que pasaban en el mundo y que yo quería poner mi granito de arena dedicándome a ayudar a personas que sufren por hambre o por enfermedad, aunque ellos no lo entendieran. Yo tenía 18 años y tenía que decidir qué carrera estudiar; siempre me había gustado Física, pero empecé a sopesar las ventajas y desventajas en vistas de que yo quería ser misionera. Así que decidí estudiar enfermería por varias razones; es una carrera práctica, podría ejercerla estando en contacto cada día con personas enfermas; y eran solamente tres años, cosa que para mí era muy importante, con vistas a que después de acabar la carrera podría trabajar, independizarme de mis padres y entonces poder emprender mi viaje a Kenia. Para mi sorpresa y satisfacción, me gustó mucho la enfermería. Poco después de acabar los estudios, conseguí trabajo durante dos meses en Sevilla y después en Osuna (un pueblo de la provincia de Sevilla). Así que llegado a este momento tan esperado, escribí una carta a Lourdes diciéndole que ya estaba trabajando y que quería ir a Kenia. Después de tener una conversación por teléfono, quedamos en vernos en Barcelona, en el año 1996. Pasé un fin de semana con Lourdes y Rosa, en el que estuvimos conversando sobre muchos temas. La impresión que me quedó de este encuentro es que había estado con dos mujeres que desprendían felicidad, alegría; que valoraban y saboreaban cada momento de la vida. Y que lo más importante para ellas eran las personas.

 

Seguimos en contacto por carta y acordamos que al año siguiente me iría a Etiopía, donde estaba viviendo Lourdes, durante mi mes de vacaciones del trabajo. El mes de estancia en Etiopía pasó muy rápido y realmente lo que más me impactó fue la vuelta a España. Me había sentido con las misioneras, como en casa. Allí había cabida para todas las personas, porque los protagonistas de su vida eran las personas y los valores humanos y la generosidad eran la guía de los pasos a seguir cada día.

 

Hay cosas que son difíciles de expresar con palabras, pero ciertamente Dios no me dejó; al año siguiente volvía a ir un mes a Etiopía y cuando regresé a España me di cuenta de que la libertad empieza a existir cuando uno hace la elección y el compromiso en su vida y no cuando simplemente se observa el abanico de oportunidades que tienes delante para poder ir probando las diferentes opciones. Así que dejé el trabajo y expliqué a mi familia y a mis amigos que me iba porque realmente esa era mi vocación, para toda la vida.

Sigo viviendo en Etiopía y me encargo de forma más directa de un programa de salud integral en una zona rural, en el Valle de Angar Guten. En la que no hay médicos, todos somos enfermeros: los trabajadores que tenemos contratados y yo. Donde tenemos a nuestro cargo una clínica y dos puestos de salud. Realizamos cada mes vacunaciones y charlas de educación sanitaria en 9 poblados diferentes. Y en la clínica y los dos puestos de salud: atención médica a enfermos, traslado de pacientes en situación de emergencia con nuestro coche al hospital más cercano (que está a dos horas y media en coche), control a mujeres embarazadas, monitorización del peso a los niños y rehabilitación nutricional a los que están desnutridos, apoyo a las familias con Sida y Tuberculosis (para que puedan realizar las revisiones periódicas, tener siempre la medicación y una buena alimentación). También ayudamos a varios ancianos del poblado donde vivimos, con comida y ropa. Y cuando los enfermos necesitan una intervención quirúrgica más complicada o atención médica especializada, organizamos que viajen a la capital (Adís Abeba) y realizamos todo el seguimiento hasta su recuperación total, su mejora, y en algunos casos ( sobre todo los niños y jóvenes que ya tenemos en el cielo), que sufran lo menos posible y tengan una muerte digna. Hablo en plural, porque vivo en comunidad, con tres mujeres más. Y hacemos trabajo en equipo, aunque cada una de ellas también se encargan de las guarderías, de las actividades de agricultura y de construir pozos para que la gente tenga agua para cultivar sus tierras.

Ante tantas necesidades, me sigo sintiendo muy pequeña, pero sé que en este camino nunca estoy sola y Dios siempre nos envía grandes regalos en los pequeños detalles de cada día. Y sobre todo, a través de las personas que llamamos marginados o pobres… y paradójicamente nos dan grandes lecciones de humanidad cuando realmente comulgamos con su sufrimiento. Porque en cada uno de ellos está el rostro de Jesús. Ellos tienen mucho que aportar a la pobreza en valores, esperanza, plenitud, que invade a muchas personas de este mundo a pesar de tener todas las necesidades materiales cubiertas.

La verdad es que no fue tarea fácil explicar sobre todo a mis padres, que había decidido contestar “SÍ” a una llamada para toda la vida. Tampoco puedo entender desde la razón, cómo fui capaz en aquella época de dar el “salto”. Yo creo que simplemente, encontré el tesoro de mi vida. Y es durante la época de la juventud, cuando nos toca discernir sobre lo que queremos hacer y cuál es nuestro lugar en este mundo. Ahora, después de 20 años, puedo seguir afirmando que mi vocación es un gran regalo de Dios, así como poder haber conocido al Padre Francisco Andreo, que en paz descanse, y a todos los miembros de la MCSPA.

Mª Josefa Nuñez MCSPA

 

Mi Vocación Misionera: Una Llamada al Compromiso por los Pobres

11 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Mi Vocación Misionera: Una Llamada al Compromiso por los Pobres”

Quiero compartir brevemente el testimonio de mi vocación en este Mes Extraordinario Misionero, especialmente con tantos jóvenes en el mundo que han tenido la fortuna de crecer en países y familias que nos han dado tanto. Soy colombiana, y crecí con unos padres y hermanos maravillosos con los que viví con alegría mi fe católica desde pequeña. Además, crecí en una de las muchas parroquias de la Arquidiócesis de Bogotá, donde el ejemplo de buenos sacerdotes atrae a muchos a seguir a Cristo sin condiciones.

Sin embargo, y a pesar de tener tanto amor de personas cercanas, una extraña insatisfacción llenó mi vida durante los años vividos en la universidad. El dolor de tanta gente de mi país en permanente guerra y el sufrimiento de tantas personas en el mundo, me hacían sentir agradecida por cada cosa que tenía, pero a la vez dejaban mi corazón sediento, hambriento. Nada me saciaba. Mis estudios de psicología, no saciaban mi sed de justicia, mi sed de querer ser parte del plan de bondad que Dios tiene para todos. Muchos libros, mucha teoría, pero poca práctica, poco amor. Fueron momentos difíciles: intensos anhelos de querer cambiar el mundo y no saber cómo. Entre tanta confusión e insatisfacción de una joven bogotana que lo había tenido todo, Dios puso en mi camino, y de la forma más inesperada, mi felicidad.

Una mujer, enfermera y misionera en África durante muchos años, me invitó a ser parte de una familia excepcional: la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol. Con el entusiasmo de Cecilia, y el de muchos otros misioneros del grupo, mi vida encontró a un Jesús vivo: transformador de un mundo que clama justicia y amor. No puedo olvidar al padre Francisco Andreo – Paco-, quien revolucionó todos mis esquemas desde que lo conocí. Con él, el Evangelio comenzó a ser para mí algo vivo, activo, concreto, gracias a su excepcional amor por los más necesitados y especialmente por África. La manera como se comprometía, de principio a fin,  con quienes sufren marcó mi vocación para siempre. Su confianza en Dios era sorprendente, y su fe en la transformación de personas y lugares oprimidos por la desesperación, sigue, aun hoy, impulsando mi vida.

No hay palabras para agradecer aquellos momentos (hace 17 años) en que Dios me llenó de fortaleza para decir “Sí, te sigo, incondicionalmente y de por vida para ir donde me necesites”. Y aquí estoy, en un rincón de África llamado Turkana, lleno de personas sorprendentes que en medio de la extrema pobreza, del hambre, de la falta de agua y la escasez de oportunidades, están construyendo poco a poco un presente y un futuro más digno, a pesar de los innumerables retos.

¡Que bendición haber recibido la misión de convertir en un jardín este remoto lugar del desértico Turkana! Que felicidad ser parte de una familia misionera que desea comprometerse completamente con los más desfavorecidos, acompañándoles de forma permanente para anunciarles un Cristo que les ama aquí y ahora. Y que alegría encontrar en este camino, tantas personas generosas que nos ayudan a construir el Reino de Dios.

Reconozco que la fe en Dios de los turkanas y madurar juntos nuestra fe en Cristo, ha sido mi gran alegría y una enorme responsabilidad que comparto con mis compañeras de camino en la misión de Kokuselei. Misioneras laicas como yo, con quienes estamos construyendo una Iglesia viva y joven en medio de numerosas personas llenas de entusiasmo por hacer presente a Dios en sus vidas. Personas, que necesitan ser acompañadas, pastoreadas, hacia caminos de esperanza, de fe y de amor.

Aquí en África, cientos de personas están necesitadas de buenos pastores que les lleven donde hay vida, donde está Jesús. Pero nos faltan manos, sacerdotes misioneros y misioneras que deseen salir de su propia tierra para llegar a tantos que esperan el mensaje concreto del amor de Dios. Jóvenes que quieran dejarlo todo para seguir a Cristo y que estén dispuestos a ser enviados donde se necesite. Jóvenes que deseen superar ataduras y que estén listos a caminar en contra dirección de un mundo que muchas veces cierra las puertas al verdadero amor.

Soy feliz y sé que quien sigue a Cristo cien por ciento lo es. Como misionera, espero que este Mes Extraordinario Misionero siembre en los corazones de tantos jóvenes católicos alrededor del mundo la semilla de un amor sin miedo y de un amor comprometido con el anuncio de Jesús entre los más necesitados. Oro para que broten vocaciones dispuestas a traspasar fronteras y a unirse a la misión universal de la Iglesia.

Diana Trompetero – MCSPA

El Misterio de la Vocación: Alexy Moreno

9 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “El Misterio de la Vocación: Alexy Moreno”

Cuando pienso en mi vocación siempre la he vivido como un misterio. Nunca estuvo en mis planes originales, ni siquiera sabía que existían los misioneros en el siglo XXI. El tema de Dios en mi vida nunca fue una prioridad. Pensaba que con hacer lo que yo consideraba bueno era suficiente. Como toda persona joven que acababa la universidad buscaba, anhelaba y luchaba por un mundo mejor. Realmente me esforcé para ejercer mi profesión lo mejor posible y poder asistir a personas que buscaban ayuda, pero pronto me encontré con barreras casi infranqueables. Barreras burocráticas, políticas y con las más dura de todas: la indiferencia. Con las dos primeras casi gané la batalla, pero con la última fue imposible.

 

Eso me tocó profundamente: sentí la impotencia de ver que las personas no percibían ni se interesaban por el dolor de otros, que sufrían de formas inimaginables. Que las prioridades para muchos en la vida estaban centradas sólo en cumplir sus deseos porque sus necesidades básicas mayormente ya estaban cubiertas. Me negaba a vivir de esta manera, a vivir así… sin sueños, sin ideales de un mundo mejor … ignorando qué pasaba con el otro, ese otro que sufre, quien le iba a ayudar, quien le iba a atender, quien le iba a escuchar, quien le iba a guiar. Había algo en mí que buscaba algo más, que anhelaba otro mundo. No sabía qué era, pero estaba allí en mi interior.

 

¿A nadie le importaba? ¿Era acaso yo un ser extraño en un mundo rodeada de inmediatez? Sin embargo, como decía al principio, el misterio de mi vocación empezaba a desvelarse… Cuanto más oscuro yo pensaba que estaba, inmersa en mis dilemas éticos de hacer el bien o dejarme llevar por la corriente, conocí a Cecilia Puig, una misionera que venía de África. No era muy común eso en mi pequeño mundo, y con ella descubrí el más grande tesoro de mi vida, mi vocación.

 

Ella me mostró todo un mundo desconocido hasta entonces para mi. Interpelaba mis respuestas, me llevaba con sus preguntas a lugares dentro de mí que no quería ir, me hacia ir cada vez más allá, más allá de mis fuerzas, de mi entendimiento, y en ese proceso mi vida se transformaba y cobraba sentido.

 

Junto con ella y otras personas como Diana, fuimos creciendo para dar forma a nuestra vocación, a esa llamada que siempre estuvo presente en mi vida, pero que yo no había entendido o no había llegado a mí hasta ese momento de forma tan tangible y diáfana.

 

La palabra vocación (en latín vocare) presupone una llamada, una escucha y una respuesta. Necesita de estos tres momentos para que se llegue a dar realmente. Jesús siempre nos invita a participar de su plan de salvación a cada uno con una llamada particular. No llamó a los mejores, ni a los más sabios o entendidos, ni a los más valientes o influyentes, ni a los más capaces; llamó a los que Él quiso.

 

Dios ha escogido y amado a cada persona desde siempre, la ha preparado cuidadosamente para responder a su camino, y la llama a una tarea mucho más grande de lo que uno pueda imaginar. Pero no por nuestros méritos, sino por su gracia; pues Él no elige a los capaces, sino que capacita a los que elige.

 

La vocación así expuesta parece fácil pero no lo es del todo, pues hace falta un “sí”, una aceptación de esa llamada que se concreta en una opción fundamental. Nunca la he vivido como una renuncia, como muchos la entienden: yo no renuncié a ser médico o empresaria, por decir algo, porque eso nunca lo quise hacer. Elegí lo que me hacia feliz y lo que aun hoy, después de 16 años, me hace vibrar de alegría. Elegí y acepté la invitación que me hizo Jesús a través de una persona concreta, Cecilia, y con ella la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol.

 

Entiendo mi vocación como una llamada muy personal a una nueva intimidad y amistad con Jesús que va creciendo poco a poco: es una transformación de mi ser que nunca se acaba. Por eso la vocación se cultiva en el trato personal y constante con Dios en la oración, y en el responder de forma concreta a las necesidades del que sufre. De ahí que poco a poco uno se conforma con Jesús para aprender a vivir de una nueva forma, y de ese modo la vida adquiere un nuevo horizonte insospechado: ser un apóstol con la misión concreta de crear trocitos de cielo aquí en la tierra. El apóstol no se anuncia a sí mismo, sino que la razón de su vida es anunciar a un Cristo vivo.

 

En palabras de San Agustín “¡Es imposible conocerte y no amarte, amarte y no seguirte!”

Alex Moreno – MCSPA

Gran Celebración en el Hospital de Alinafe en Benga

8 octubre 2019 Publicado por Noticias 0 comentarios sobre “Gran Celebración en el Hospital de Alinafe en Benga”

Hace unos días tuvimos una gran celebración en el hospital de Alinafe en Benga. Entregamos al hospital un nuevo vehículo ambulancia donado por Cantabria Labs y la Fundación Emalaikat. Este nuevo vehículo todo terreno sustituye a la actual ambulancia que ya tenía 12 años. La ambulancia da cobertura tanto para traslados de emergencias médicas como para clínica móvil a una población de 60,000 personas en el Distrito de Nkhotakota.

Padre Manolo – MCSPA

Como Dios Me Invitó a Seguirle: Adriana Chametla Benavidez

7 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Como Dios Me Invitó a Seguirle: Adriana Chametla Benavidez”

El 12 de Octubre  del año 2008 conocí a unas mujeres que eran raras, pero también eran  normales, ellas cambiarían mi vida. Digo esto, por que cuando las  conocí por  primera vez , vi  que eran unas mujeres fuertes y con mucha alegría para anunciar el Reino de Dios.

 

Eran mujeres normales como yo, dijeron que eran misioneras,  para mi fue  ver que Dios ponía estas personas en mi camino y a la vez era el mismo Dios que me invitaba a seguirlo.

 

Yo pertenecía a un grupo de jóvenes en la parroquia de Xochimilco en la ciudad de México, y siempre pensaba que Dios me pedía algo más que esto, me pedía dejarlo todo y seguirle.

 

Al principio era un poco duro para mi el ir cada fin de semana  al centro Materno Infantil que tenían en el Ajusco y estar con ellas, ayudarles  a lo que hiciera falta, pero después me fui enganchado más y por  fin en Noviembre del 2009 me invitaron a ir a Etiopía y pertenecer a la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol , MCSPA, y sin dudarlo les dije que Sí. Esto era lo que busca el dejarlo todo y seguir a Cristo.

 

Ahora llevo 9 años viviendo en Etiopía con esta gente tan hermosa que  siempre los ves sonriendo y felices, solo con verlos te aportan felicidad y alegría.

 

Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de conocer y ahora pertenecer a la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol , y a Rosa que fue la persona que me invito a seguir este camino.

 

 

Adriana Chametla Benavides – MCSPA

Mas información contáctanos via email  – admin@mcspa.org

CUMPLIENDO UNA PROMESA

4 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “CUMPLIENDO UNA PROMESA”

Me gustaría que mi testimonio sirviera para “dar un empujón” a esas personas que, como me ocurrió a mí, alguna vez han pensado en hacer un viaje distinto a los que hacemos habitualmente. Un viaje impulsado por una vocecita que suena en nuestro interior señalando que para vivir tenemos que dar un salto que nos saque de nuestra zona de confort,  con su componente de aventura, llevando con nosotros un granito de arena que junto al de otros se convertirá finalmente en una gran montaña.

Hace siete años, mi vocecita fue despertada por mi tía. En una de las presentaciones donde explicaba llena de entusiasmo los detalles, las vivencias y las experiencias que le aportaba el proyecto oftalmológico que desarrolla en Turkana (Kenia), me hizo ver que yo también podía hacer algo similar, que solo era cuestión de ilusión y dedicación.

Preguntando donde había hueco y donde podrían ser más útiles mis habilidades, me hablaron sobre las misiones de Etiopía y los colegios que tenían montados. Siete años después, puedo decir que me gustó la idea.

En siete años he visto cómo crecen los niños, cómo progresan las mujeres, cómo colaboran los hombres, cómo los arboles dan su fruto… En definitiva, he tenido el privilegio de ver cómo la comunidad se ha ido desarrollando.

Me hace mucha ilusión contar que después de ese tiempo hemos conseguido asentar un grupo de jóvenes en España que nos unimos mensualmente para compartir ideas y poner en marcha proyectos. A pesar de tener nuestros trabajos, estudios, a pesar del ajetreo de nuestras vidas, hacemos tiempo para reunirnos y sacar planes adelante. Es muy gratificante ver cómo incluso gente que no ha estado en Etiopía colabora desde aquí con la comunidad y se une a la causa. Porque no hace falta ir hasta allí para ayudar. Desde tu casa puedes colaborar haciendo tu aportación o ayudándonos a montar mercadillos, financiar proyectos y conseguir donaciones. Lo bonito de este viaje es el sentimiento de comunidad y el recibimiento que nos dispensan.

Hace 7 años, sentada en el porche de la casa de voluntarios de Andode, me hice la promesa de que volvería cada año y haría de esta comunidad mi familia y su casa mi casa. Solo he faltado un año, pero creo que puedo decir que estoy cumpliendo con mi promesa, viviendo cada año como si fuese el primero. Con las mismas ganas e ilusión.

Agradezco a las misioneras y a la comunidad haberme dado la oportunidad de acompañarlas y de haberme hecho crecer como persona porque os puedo asegurar que hay cosas muchas, y muy importantes, que no se aprenden en el colegio, en la universidad o en el trabajo. Lecciones muy importantes en mi vida que sólo he aprendido allí.

A vosotros quiero deciros que da igual tu edad, tu trabajo, tu estatus, el país en el que vivas… Si te apetece, ¡VENTE!

¡¡GRACIAS, AMMASAGUENALEHU¡¡

María García Izquierdo

Voluntaria

 

Mas info – admin@mcspa.org

Mi Experiencia en Malawi

25 septiembre 2019 Publicado por Testimonios 0 comentarios sobre “Mi Experiencia en Malawi”

Mi nombre es Caroline Auer, tengo 27 años y soy de Farchant, un pequeño pueblo en el sur de Alemania. Soy educadora y pedagoga religiosa. Trabajo como asistente pastoral y profesora de religión en dos conjuntos parroquiales en la Arquidiócesis de Múnich y Freising. Después de mis estudios y mi primer año de trabajo, quería volver a viajar al extranjero por un período extendido para conocer una nueva cultura y el trabajo pastoral en otro país. Tuve la oportunidad de vivir casi tres meses en la comunidad misionera de San Pablo Apóstol en la parroquia de Benga, en Malawi, y formar parte de la comunidad. Compartir la vida cotidiana y la fe, aprender a entender y a amar el trabajo pastoral en las comunidades, así como una nueva cultura. Un tiempo enriquecedor y valioso que seguirá siendo inolvidable para mí.

Comenzar el día juntos con la misa y terminarlo con la oración de la tarde en la iglesia, las vísperas, así como el trabajo común diario me integraron en la comunidad misionera. Más aún, la gente local se convirtió en mi familia, me sentía a salvo y como en casa.

Durante dos semanas trabajé en la guardería y en la escuela, ubicados en el terreno de la Misión mismo. Estoy impresionada de cómo los profesores educan y enseñan a los muchos estudiantes usando los materiales más básicos. La educación es la clave para una buena vida. Me alegra especialmente que la Misión se encargue de escuelas, posibilitando así un buen futuro a los niños y jóvenes.

Las celebraciones de la misa en los pueblos me impresionaron una y otra vez. Ahí podía sentir el enraizamiento profundo de la gente en la oración y la fe. A través del baile, la música y el canto, la misa se convierte allí en una celebración visible y tangible de la fe.

Algunas veces se me permitió visitar a los ancianos y enfermos en los pueblos. Cada mes distribuíamos alimentos básicos, llevábamos la Sagrada Comunión a quienes lo deseaban y rezábamos con ellos. Estas visitas eran regalos para mí. Era conmovedor ver a la gente regocijándose y agradeciendo la visita de Brian. A pesar de las simples circunstancias de la vida, ver esa alegría en los rostros de la gente siempre me motivaba a reflexionar sobre mi trabajo pastoral y la vida en Alemania. Estar allí para las personas, simplemente estar presente, escuchar y sonreírles a menudo vale más que las palabras.

Quiero llevarme eso para mi futuro trabajo como empleada de la iglesia: no esconderme detrás del escritorio, desarrollando conceptos y pasando la mayor parte de mi tiempo en la oficina. No quiero eso, sino quiero, como en Malawi, salir al encuentro de la gente, estar rodeada y a disposición de las personas.

Fue una experiencia bastante nueva pero especial para mí cuando construimos una casa para una anciana enferma. Traer ladrillos y agua, excavar el suelo para los cimientos y ver cómo se construye una casa, sin máquinas modernas, sino tan solo con trabajo manual. Ver la cara feliz de Belita, inaugurar su casa con una pequeña ceremonia de bendición y darle un hogar fue para mí uno de los mejores regalos de este período.

Tuve la oportunidad de aprender mucho del Padre Manuel, del Padre Fernando, del Padre Steven y Brian, que son tan apasionados con su profesión, con su vocación. Acompañarlos durante estos meses e intercambiar impresiones con ellos enriqueció mi tiempo en Malawi.

Recomendaría una estadía en la misión de Benga para cualquiera que tenga la oportunidad de ir por un cierto período de tiempo, aunque sea solo durante una o dos semanas. No se trata de cambiar ni mejorar Malawi, el sistema de una escuela o el trabajo pastoral. Al contrario, creo que todos podemos aprender de la gente de Malawi y hacer la experiencia de este intercambio mutuo, compartiendo unos con otros la vida comunitaria y nuestra fe. Se me permitió hacerlo y estoy muy agradecida por esta experiencia enriquecedora.

He encontrado un hogar allí y llevo este hogar, los encuentros y todas las personas en mi corazón y siempre serán parte de mi vida.

Sé que estoy conectada con la gente de la comunidad y de los pueblos de Malawi también a través de los continentes por medio de nuestra fe y nuestra oración.

Quisiera agradecer de todo corazón al Padre Manuel, al Padre Fernando, al Padre Steven, a Brian a todos los residentes de la Misión, así como a toda la gente de Malawi que me ha acogido tan calurosamente en su país, por este tiempo de formación.

Qué el Espíritu de Dios obre en todos los proyectos y qué la bendición de Dios esté con todos.

Caroline Auer

Bendición de los Nuevos Edificios de Naturomoe y la Primera Piedra de la Nueva Iglesia

12 septiembre 2019 Publicado por Noticias 0 comentarios sobre “Bendición de los Nuevos Edificios de Naturomoe y la Primera Piedra de la Nueva Iglesia”

El domingo 8 de septiembre, la comunidad de Naturomoe se reunió para celebrar la bendición de los primeros edificios y la primera piedra de la nueva Iglesia en la Misión Católica Príncipe de Paz.

A la celebración asistieron muchas personas y fue muy alegre. Los asistentes fueron rebeldes y refugiados del sur de Sudán, representantes de la comunidad de Kakuta, autoridades regionales, miembros de MCSPA y personal de la misión.

La ocasión comenzó con la celebración de la Santa Misa presidida por el obispo Dominic Kimengich, acompañado por el obispo Markos Gebremedhin. Durante su homilía, el obispo Dominic expresó su felicidad al ver que, lo que comenzó como un sueño durante su primera visita a la zona hace 6 años, ahora se estaba haciendo realidad.

También enfatizó que era muy importante que personas de tres países, Etiopía, Kenya y Sudán del Sur, diferentes estuvieran presentes, y que si no hubiéramos sido unidos por Dios, podríamos haber estado luchando y llamándonos enemigos. Sin embargo, gracias a la realización de la misión, ahora podemos permanecer juntos como hermanos y hermanas.

Al final de la misa, Lourdes Larruy explicó la historia de cómo comenzó la misión: hace 20 años empezó como una sugerencia de Mons. Silvano Tomasi, el entonces Nuncio Apostólico a Etiopía, al Padre. Paco y los miembros de MCSPA. El Nuncio dijo que si nuestra comunidad tenía misiones en el norte de Kenia y en Wolega, Etiopía, podríamos abrir fácilmente una misión a mitad de camino. Esta idea se convirtió también en el sueño del P. Paco, nuestro fundador, que imaginó tener misiones que fuesen centros de vida, al estilo de nuestras misiones en Turkana, desde Turkana hasta Alejandría.

Después de la misa, la comunidad procedió en procesión al sitio donde se construirá la futura iglesia. La primera piedra fue bendecida y la iglesia fue dedicada a María Madre de la Iglesia. Luego, procedimos a la bendición de los edificios técnicos y las casas del personal.

Esperamos que estos edificios brinden el apoyo logístico necesario a los misioneros y al personal de la misión, para llevar a cabo el trabajo apostólico de Naturomoe, destinado a difundir las Buenas Nuevas a través de la ayuda práctica.

Agradecemos a todos los amigos y benefactores, especialmente a Missio Aachen y al Nazareth Trust por apoyar este proyecto, y por todos los que de una forma u otra han sido parte de este sueño con su ayuda y oraciones.

P. Angel Valdivia MCSPA

La Misión de Cristo: Príncipe de Paz, en Nyangatom.

10 septiembre 2019 Publicado por Noticias 0 comentarios sobre “La Misión de Cristo: Príncipe de Paz, en Nyangatom.”

El 7 de septiembre de 2019, el Obispo Markos Gebremedhin, Vicariato Apostólico de Jimma-Bonga (Etiopía) y el Obispo Dominic Kimengich de Lodwar (Kenia), se reunieron para celebrar con el equipo de MCSPA en Nyangatom las primeras confirmaciones en la Misión Católica Príncipe de Paz en el sur de Etiopía.

Esto ha sido fruto de cinco años viviendo entre los Nyangatom, visitando las aldeas cercanas y llevando a cabo diferentes proyectos pastorales y de desarrollo.

Los padres Angel y David han establecido una presencia humilde pero notable de la Iglesia Católica entre el pueblo Nyangatom.

Con este evento, podemos ver cómo se transmite el mensaje del Evangelio y también aprender sobre el Buen Pastor que cuida y conoce a sus ovejas.

Estos son los frutos que ha nacido en esta hermosa tierra, gracias a la dedicación de los p. Angel y David.

Durante la homilía el obispo Markos alentó a los refugiados sudaneses del sur, en el campo de refugiados de Tollay, diciéndoles que Dios siempre es fiel en medio de sus dificultades, tal y como fue fiel al pueblo de Israel durante su éxodo de Egipto.

Además, Mons. Markos dijo a los jóvenes confirmandos que no deben tener miedo y que a través del sacramento estarán conectados con Jesús a través del Espíritu Santo, y así podrán hablar abiertamente sobre su fe y encontrar más discípulos para Jesús.

Oremos para que la Misión del Príncipe de Paz en Nyangatom mejore la paz a lo largo de la frontera entre Kenia y Etiopía. Gracias por continuar el sueño del P. Paco, que quería una cadena de misiones desde Kenia hasta Alejandría (Egipto).

Queremos agradecer a todas las personas que han hecho esto posible, a todos los que han apoyado la misión de varias maneras (material y oración). ¡Gracias!

Gracias a todo el personal de la Misión de Nyangatom: el personal de seguridad, los catequistas, el enfermero, el conductor, la cocinera y otros trabajadores. Sin su apoyo y amistad, nuestros dos sacerdotes solos no habrían podido llevar a cabo esta misión.

Finalmente, gracias a todos los miembros y aprendices de la MCSPA por apoyar a nuestros miembros allí y tener esperanza en ellos, quienes gracias Dios, pueden seguir llevando adelante la misión de Cristo.

Lillian Omari – MCSPA

25 Años Pasan Volando

28 agosto 2019 Publicado por Noticias 0 comentarios sobre “25 Años Pasan Volando”

Ayer por la tarde (27 de Agosto), los miembros de la MCSPA celebraron su veinticinco aniversario de presencia en Etiopía, en la iglesia de San Salvador en Addis Abeba (Capitál de Etiopía). La celebración fue presidida por Su Eminencia el Cardenal Berhaneyesus Souraphiel de Addis Abeba acompañado por Mons. Markos Gebremedhin Obispo de Jimma-Bonga.

Fue una gran alegría celebrar el 25 aniversario de nuestra presencia en Etiopía rodeado de muchas personas que han estado con nosotros desde el comienzo del trabajo misionero en Etiopía: amigos, trabajadores y miembros de las cuatro misiones en Etiopía.

Durante la misa, el cardenal felicitó a todos los que hicieron realidad esta misión. Del p. Paco, a Cecilia, Lourdes y todos los que trabajan ahora en Etiopía. Habló de cómo el p. Paco tenía mucha energía y alentó a los miembros de mcspa a cuidarnos de los pobres, recordando las palabras del Evangelio: “porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”. También alentó a los miembros a ser personas de oración como Santa Mónica y a buscar a Dios dentro de cada uno de nosotros, como dijo San Agustín. Finalmente nos aconsejó que continuáramos buscando la oveja perdida donde sea que estemos siguiendo así el carisma de MCSPA.

¡Después de la misa, todos nos reunimos en el salón para compartir la cena, discursos, presentación de diapositivas y finalmente canciones y bailes al estilo Nyangatom!

Queremos agradecer a todos los que hicieron que este día fuese un éxito, especialmente a todos los amigos, familiares, personal y miembros de MCSPA que asistieron. Oramos para que Dios continúe bendiciéndonos con más vocaciones para que podamos llegar a muchos otros lugares de Etiopía y países donde estamos presentes, allá donde la cosecha todavía es tan abundante.

¡Gracias a todos por vuestras oraciones y apoyo durante todos estos años!

Lillian Omari MCSPA

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