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Testimonio de Mi Vocación: Mª Josefa Nuñez (Pepi)

17 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Testimonio de Mi Vocación: Mª Josefa Nuñez (Pepi)”

No vengo de una familia especialmente religiosa, pero aún así, mis padres me han educado con valores cristianos. Recuerdo que cuando era pequeña siempre pensaba que cuando fuera mayor, trabajaría mucho para poder ayudar a la gente pobre que anda pidiendo por las calles.

 

Cuando tenía 17 años, pertenecía a un grupo de catequesis, nos estábamos preparando para el sacramento de la Confirmación. El párroco, Eugenio Romero, cada semana que nos reuníamos venía a visitarnos. Nunca olvidaré sus palabras y su cara de felicidad cuando decía: “estoy enamorado de Jesús”. Fue en aquella época, cuando en el grupo de jóvenes le planteamos que además de reunirnos cada semana podríamos hacer alguna actividad para ayudar a los niños de África. Y dos miembros de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, Lourdes Larruy y Rosa Murillo, viajaron en coche hasta el pueblo de Trebujena (Cádiz),  para explicar la labor que estaban realizando en la región de Turkana, en el norte de Kenia. Para nosotros fue todo un gran evento esta visita y que nos dieran la posibilidad de poder ayudar a dos niños de allí, para que pudieran estudiar.

 

Fue a través de este encuentro como empezamos a organizar, en un local que nos dejaron los del Ayuntamiento de Trebujena, la venta de artesanía de Kenia y otras actividades que se nos iban ocurriendo.

 

Me sentía especialmente inconforme con la injusticia y la gran diferencia de formas de vida que permitíamos que hubiera en el mundo. Lourdes y Rosa volvieron a venir al año siguiente y les dije que yo quería ser “monja misionera” y que quería ir a Kenia. Me decidí entonces a explicárselo a mis padres, pero su reacción no fue muy positiva. Me dijeron que dejara de pensar en tonterías y me dedicara primero a estudiar. Recuerdo que les escribí una carta en la que explicaba que no estaba de acuerdo con muchas cosas que pasaban en el mundo y que yo quería poner mi granito de arena dedicándome a ayudar a personas que sufren por hambre o por enfermedad, aunque ellos no lo entendieran. Yo tenía 18 años y tenía que decidir qué carrera estudiar; siempre me había gustado Física, pero empecé a sopesar las ventajas y desventajas en vistas de que yo quería ser misionera. Así que decidí estudiar enfermería por varias razones; es una carrera práctica, podría ejercerla estando en contacto cada día con personas enfermas; y eran solamente tres años, cosa que para mí era muy importante, con vistas a que después de acabar la carrera podría trabajar, independizarme de mis padres y entonces poder emprender mi viaje a Kenia. Para mi sorpresa y satisfacción, me gustó mucho la enfermería. Poco después de acabar los estudios, conseguí trabajo durante dos meses en Sevilla y después en Osuna (un pueblo de la provincia de Sevilla). Así que llegado a este momento tan esperado, escribí una carta a Lourdes diciéndole que ya estaba trabajando y que quería ir a Kenia. Después de tener una conversación por teléfono, quedamos en vernos en Barcelona, en el año 1996. Pasé un fin de semana con Lourdes y Rosa, en el que estuvimos conversando sobre muchos temas. La impresión que me quedó de este encuentro es que había estado con dos mujeres que desprendían felicidad, alegría; que valoraban y saboreaban cada momento de la vida. Y que lo más importante para ellas eran las personas.

 

Seguimos en contacto por carta y acordamos que al año siguiente me iría a Etiopía, donde estaba viviendo Lourdes, durante mi mes de vacaciones del trabajo. El mes de estancia en Etiopía pasó muy rápido y realmente lo que más me impactó fue la vuelta a España. Me había sentido con las misioneras, como en casa. Allí había cabida para todas las personas, porque los protagonistas de su vida eran las personas y los valores humanos y la generosidad eran la guía de los pasos a seguir cada día.

 

Hay cosas que son difíciles de expresar con palabras, pero ciertamente Dios no me dejó; al año siguiente volvía a ir un mes a Etiopía y cuando regresé a España me di cuenta de que la libertad empieza a existir cuando uno hace la elección y el compromiso en su vida y no cuando simplemente se observa el abanico de oportunidades que tienes delante para poder ir probando las diferentes opciones. Así que dejé el trabajo y expliqué a mi familia y a mis amigos que me iba porque realmente esa era mi vocación, para toda la vida.

Sigo viviendo en Etiopía y me encargo de forma más directa de un programa de salud integral en una zona rural, en el Valle de Angar Guten. En la que no hay médicos, todos somos enfermeros: los trabajadores que tenemos contratados y yo. Donde tenemos a nuestro cargo una clínica y dos puestos de salud. Realizamos cada mes vacunaciones y charlas de educación sanitaria en 9 poblados diferentes. Y en la clínica y los dos puestos de salud: atención médica a enfermos, traslado de pacientes en situación de emergencia con nuestro coche al hospital más cercano (que está a dos horas y media en coche), control a mujeres embarazadas, monitorización del peso a los niños y rehabilitación nutricional a los que están desnutridos, apoyo a las familias con Sida y Tuberculosis (para que puedan realizar las revisiones periódicas, tener siempre la medicación y una buena alimentación). También ayudamos a varios ancianos del poblado donde vivimos, con comida y ropa. Y cuando los enfermos necesitan una intervención quirúrgica más complicada o atención médica especializada, organizamos que viajen a la capital (Adís Abeba) y realizamos todo el seguimiento hasta su recuperación total, su mejora, y en algunos casos ( sobre todo los niños y jóvenes que ya tenemos en el cielo), que sufran lo menos posible y tengan una muerte digna. Hablo en plural, porque vivo en comunidad, con tres mujeres más. Y hacemos trabajo en equipo, aunque cada una de ellas también se encargan de las guarderías, de las actividades de agricultura y de construir pozos para que la gente tenga agua para cultivar sus tierras.

Ante tantas necesidades, me sigo sintiendo muy pequeña, pero sé que en este camino nunca estoy sola y Dios siempre nos envía grandes regalos en los pequeños detalles de cada día. Y sobre todo, a través de las personas que llamamos marginados o pobres… y paradójicamente nos dan grandes lecciones de humanidad cuando realmente comulgamos con su sufrimiento. Porque en cada uno de ellos está el rostro de Jesús. Ellos tienen mucho que aportar a la pobreza en valores, esperanza, plenitud, que invade a muchas personas de este mundo a pesar de tener todas las necesidades materiales cubiertas.

La verdad es que no fue tarea fácil explicar sobre todo a mis padres, que había decidido contestar “SÍ” a una llamada para toda la vida. Tampoco puedo entender desde la razón, cómo fui capaz en aquella época de dar el “salto”. Yo creo que simplemente, encontré el tesoro de mi vida. Y es durante la época de la juventud, cuando nos toca discernir sobre lo que queremos hacer y cuál es nuestro lugar en este mundo. Ahora, después de 20 años, puedo seguir afirmando que mi vocación es un gran regalo de Dios, así como poder haber conocido al Padre Francisco Andreo, que en paz descanse, y a todos los miembros de la MCSPA.

Mª Josefa Nuñez MCSPA

 

Mi Vocación Misionera: Una Llamada al Compromiso por los Pobres

11 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Mi Vocación Misionera: Una Llamada al Compromiso por los Pobres”

Quiero compartir brevemente el testimonio de mi vocación en este Mes Extraordinario Misionero, especialmente con tantos jóvenes en el mundo que han tenido la fortuna de crecer en países y familias que nos han dado tanto. Soy colombiana, y crecí con unos padres y hermanos maravillosos con los que viví con alegría mi fe católica desde pequeña. Además, crecí en una de las muchas parroquias de la Arquidiócesis de Bogotá, donde el ejemplo de buenos sacerdotes atrae a muchos a seguir a Cristo sin condiciones.

Sin embargo, y a pesar de tener tanto amor de personas cercanas, una extraña insatisfacción llenó mi vida durante los años vividos en la universidad. El dolor de tanta gente de mi país en permanente guerra y el sufrimiento de tantas personas en el mundo, me hacían sentir agradecida por cada cosa que tenía, pero a la vez dejaban mi corazón sediento, hambriento. Nada me saciaba. Mis estudios de psicología, no saciaban mi sed de justicia, mi sed de querer ser parte del plan de bondad que Dios tiene para todos. Muchos libros, mucha teoría, pero poca práctica, poco amor. Fueron momentos difíciles: intensos anhelos de querer cambiar el mundo y no saber cómo. Entre tanta confusión e insatisfacción de una joven bogotana que lo había tenido todo, Dios puso en mi camino, y de la forma más inesperada, mi felicidad.

Una mujer, enfermera y misionera en África durante muchos años, me invitó a ser parte de una familia excepcional: la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol. Con el entusiasmo de Cecilia, y el de muchos otros misioneros del grupo, mi vida encontró a un Jesús vivo: transformador de un mundo que clama justicia y amor. No puedo olvidar al padre Francisco Andreo – Paco-, quien revolucionó todos mis esquemas desde que lo conocí. Con él, el Evangelio comenzó a ser para mí algo vivo, activo, concreto, gracias a su excepcional amor por los más necesitados y especialmente por África. La manera como se comprometía, de principio a fin,  con quienes sufren marcó mi vocación para siempre. Su confianza en Dios era sorprendente, y su fe en la transformación de personas y lugares oprimidos por la desesperación, sigue, aun hoy, impulsando mi vida.

No hay palabras para agradecer aquellos momentos (hace 17 años) en que Dios me llenó de fortaleza para decir “Sí, te sigo, incondicionalmente y de por vida para ir donde me necesites”. Y aquí estoy, en un rincón de África llamado Turkana, lleno de personas sorprendentes que en medio de la extrema pobreza, del hambre, de la falta de agua y la escasez de oportunidades, están construyendo poco a poco un presente y un futuro más digno, a pesar de los innumerables retos.

¡Que bendición haber recibido la misión de convertir en un jardín este remoto lugar del desértico Turkana! Que felicidad ser parte de una familia misionera que desea comprometerse completamente con los más desfavorecidos, acompañándoles de forma permanente para anunciarles un Cristo que les ama aquí y ahora. Y que alegría encontrar en este camino, tantas personas generosas que nos ayudan a construir el Reino de Dios.

Reconozco que la fe en Dios de los turkanas y madurar juntos nuestra fe en Cristo, ha sido mi gran alegría y una enorme responsabilidad que comparto con mis compañeras de camino en la misión de Kokuselei. Misioneras laicas como yo, con quienes estamos construyendo una Iglesia viva y joven en medio de numerosas personas llenas de entusiasmo por hacer presente a Dios en sus vidas. Personas, que necesitan ser acompañadas, pastoreadas, hacia caminos de esperanza, de fe y de amor.

Aquí en África, cientos de personas están necesitadas de buenos pastores que les lleven donde hay vida, donde está Jesús. Pero nos faltan manos, sacerdotes misioneros y misioneras que deseen salir de su propia tierra para llegar a tantos que esperan el mensaje concreto del amor de Dios. Jóvenes que quieran dejarlo todo para seguir a Cristo y que estén dispuestos a ser enviados donde se necesite. Jóvenes que deseen superar ataduras y que estén listos a caminar en contra dirección de un mundo que muchas veces cierra las puertas al verdadero amor.

Soy feliz y sé que quien sigue a Cristo cien por ciento lo es. Como misionera, espero que este Mes Extraordinario Misionero siembre en los corazones de tantos jóvenes católicos alrededor del mundo la semilla de un amor sin miedo y de un amor comprometido con el anuncio de Jesús entre los más necesitados. Oro para que broten vocaciones dispuestas a traspasar fronteras y a unirse a la misión universal de la Iglesia.

Diana Trompetero – MCSPA

El Misterio de la Vocación: Alexy Moreno

9 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “El Misterio de la Vocación: Alexy Moreno”

Cuando pienso en mi vocación siempre la he vivido como un misterio. Nunca estuvo en mis planes originales, ni siquiera sabía que existían los misioneros en el siglo XXI. El tema de Dios en mi vida nunca fue una prioridad. Pensaba que con hacer lo que yo consideraba bueno era suficiente. Como toda persona joven que acababa la universidad buscaba, anhelaba y luchaba por un mundo mejor. Realmente me esforcé para ejercer mi profesión lo mejor posible y poder asistir a personas que buscaban ayuda, pero pronto me encontré con barreras casi infranqueables. Barreras burocráticas, políticas y con las más dura de todas: la indiferencia. Con las dos primeras casi gané la batalla, pero con la última fue imposible.

 

Eso me tocó profundamente: sentí la impotencia de ver que las personas no percibían ni se interesaban por el dolor de otros, que sufrían de formas inimaginables. Que las prioridades para muchos en la vida estaban centradas sólo en cumplir sus deseos porque sus necesidades básicas mayormente ya estaban cubiertas. Me negaba a vivir de esta manera, a vivir así… sin sueños, sin ideales de un mundo mejor … ignorando qué pasaba con el otro, ese otro que sufre, quien le iba a ayudar, quien le iba a atender, quien le iba a escuchar, quien le iba a guiar. Había algo en mí que buscaba algo más, que anhelaba otro mundo. No sabía qué era, pero estaba allí en mi interior.

 

¿A nadie le importaba? ¿Era acaso yo un ser extraño en un mundo rodeada de inmediatez? Sin embargo, como decía al principio, el misterio de mi vocación empezaba a desvelarse… Cuanto más oscuro yo pensaba que estaba, inmersa en mis dilemas éticos de hacer el bien o dejarme llevar por la corriente, conocí a Cecilia Puig, una misionera que venía de África. No era muy común eso en mi pequeño mundo, y con ella descubrí el más grande tesoro de mi vida, mi vocación.

 

Ella me mostró todo un mundo desconocido hasta entonces para mi. Interpelaba mis respuestas, me llevaba con sus preguntas a lugares dentro de mí que no quería ir, me hacia ir cada vez más allá, más allá de mis fuerzas, de mi entendimiento, y en ese proceso mi vida se transformaba y cobraba sentido.

 

Junto con ella y otras personas como Diana, fuimos creciendo para dar forma a nuestra vocación, a esa llamada que siempre estuvo presente en mi vida, pero que yo no había entendido o no había llegado a mí hasta ese momento de forma tan tangible y diáfana.

 

La palabra vocación (en latín vocare) presupone una llamada, una escucha y una respuesta. Necesita de estos tres momentos para que se llegue a dar realmente. Jesús siempre nos invita a participar de su plan de salvación a cada uno con una llamada particular. No llamó a los mejores, ni a los más sabios o entendidos, ni a los más valientes o influyentes, ni a los más capaces; llamó a los que Él quiso.

 

Dios ha escogido y amado a cada persona desde siempre, la ha preparado cuidadosamente para responder a su camino, y la llama a una tarea mucho más grande de lo que uno pueda imaginar. Pero no por nuestros méritos, sino por su gracia; pues Él no elige a los capaces, sino que capacita a los que elige.

 

La vocación así expuesta parece fácil pero no lo es del todo, pues hace falta un “sí”, una aceptación de esa llamada que se concreta en una opción fundamental. Nunca la he vivido como una renuncia, como muchos la entienden: yo no renuncié a ser médico o empresaria, por decir algo, porque eso nunca lo quise hacer. Elegí lo que me hacia feliz y lo que aun hoy, después de 16 años, me hace vibrar de alegría. Elegí y acepté la invitación que me hizo Jesús a través de una persona concreta, Cecilia, y con ella la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol.

 

Entiendo mi vocación como una llamada muy personal a una nueva intimidad y amistad con Jesús que va creciendo poco a poco: es una transformación de mi ser que nunca se acaba. Por eso la vocación se cultiva en el trato personal y constante con Dios en la oración, y en el responder de forma concreta a las necesidades del que sufre. De ahí que poco a poco uno se conforma con Jesús para aprender a vivir de una nueva forma, y de ese modo la vida adquiere un nuevo horizonte insospechado: ser un apóstol con la misión concreta de crear trocitos de cielo aquí en la tierra. El apóstol no se anuncia a sí mismo, sino que la razón de su vida es anunciar a un Cristo vivo.

 

En palabras de San Agustín “¡Es imposible conocerte y no amarte, amarte y no seguirte!”

Alex Moreno – MCSPA

Como Dios Me Invitó a Seguirle: Adriana Chametla Benavidez

7 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Como Dios Me Invitó a Seguirle: Adriana Chametla Benavidez”

El 12 de Octubre  del año 2008 conocí a unas mujeres que eran raras, pero también eran  normales, ellas cambiarían mi vida. Digo esto, por que cuando las  conocí por  primera vez , vi  que eran unas mujeres fuertes y con mucha alegría para anunciar el Reino de Dios.

 

Eran mujeres normales como yo, dijeron que eran misioneras,  para mi fue  ver que Dios ponía estas personas en mi camino y a la vez era el mismo Dios que me invitaba a seguirlo.

 

Yo pertenecía a un grupo de jóvenes en la parroquia de Xochimilco en la ciudad de México, y siempre pensaba que Dios me pedía algo más que esto, me pedía dejarlo todo y seguirle.

 

Al principio era un poco duro para mi el ir cada fin de semana  al centro Materno Infantil que tenían en el Ajusco y estar con ellas, ayudarles  a lo que hiciera falta, pero después me fui enganchado más y por  fin en Noviembre del 2009 me invitaron a ir a Etiopía y pertenecer a la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol , MCSPA, y sin dudarlo les dije que Sí. Esto era lo que busca el dejarlo todo y seguir a Cristo.

 

Ahora llevo 9 años viviendo en Etiopía con esta gente tan hermosa que  siempre los ves sonriendo y felices, solo con verlos te aportan felicidad y alegría.

 

Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de conocer y ahora pertenecer a la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol , y a Rosa que fue la persona que me invito a seguir este camino.

 

 

Adriana Chametla Benavides – MCSPA

Mas información contáctanos via email  – admin@mcspa.org

Testimonio de Lucas Astoria

4 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Testimonio de Lucas Astoria”

No olvidaré en mi vida las 3 semanas que pasé en Andode. Llegué con muchísimas ganas de ayudar y al final el ayudado acabé siendo yo; porque al nivel de pobreza y las condiciones deplorables en las que vive la gente en Etiopía te acabas acostumbrando, pero la felicidad que desprenden cada vez que te cruzas con ellos en el poblado nunca deja de maravillarte.

Ya podías tener un día malo, que era salir por las puertas de la misión y empezar a encontrarte gente que te arrancaban una sonrisa que no se te borraba hasta el final del día.

Lucas Astoria (Voluntario)

Mas info: admin@mcspa.org

Testimonio de Ana Portugal Revilla

4 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “Testimonio de Ana Portugal Revilla”

Siempre había querido hacer un voluntariado y ayudar en algún país de África y ahora que lo he hecho puedo decir que ha sido la experiencia más increíble, inolvidable y enriquecedora de mi vida con la que he aprendido un montón. Sin duda lo repetiría todos los años y me quedaría muchísimo más tiempo.

Estuve en Etiopia en la misión de Andode, un valle precioso, dos semanas aproximadamente y cuando me fui parecía que llevaba un año ya ahí, de lo agusto, lo contenta y lo feliz que estaba de poder estar ayudando allí a personas agradecidas, amables, y sobre todo felices y llenas de alegría y cariño que compartir con nosotros, de las cuales no me ha podido dar más pena separarme.

Llama mucho la atención ver lo felices que son con lo poco que tienen y con todos los problemas a los que se tienen que enfrentar diariamente (violaciones, terrorismo, gente con enfermedades las cuales se ven empeoradas por el agua que beben…), todas las historias que nos contaban las misioneras eran alucinantes y cada una era distinta de la anterior.

Al principio era un poco frustrante ver que en dos semanas no les iba a poder enseñar ni una mínima parte de lo que me hubiese gustado, pero a medida que iban pasando los días me daba cuenta que lo realmente importante era lo felices que hacíamos a los niños y a la gente del poblado solo con darles nuestra compañía y cariño. Tanto los niños como las profesoras tenían unas ganas enormes de aprender y ojalá podamos hacer que en un futuro todos los niños que tenían sueños como ser médico, ingeniero (porque había más de uno!)…puedan llegar a conseguirlo.

Nunca me voy a olvidar de esta experiencia, de todo lo que hemos vivido y de todas las personas a las que hemos conocido y con las que hemos compartido tantos momentos inolvidables. Tengo unas ganas increíbles de poder repetirla y volver a reencontrarme con todos.

Sin duda la labor que hace la Comunidad es impresionante y ojalá siga ayudando a tanta gente como ayuda muchísimo más tiempo.

Ana Portugal Revilla

Voluntaria

CUMPLIENDO UNA PROMESA

4 octubre 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “CUMPLIENDO UNA PROMESA”

Me gustaría que mi testimonio sirviera para “dar un empujón” a esas personas que, como me ocurrió a mí, alguna vez han pensado en hacer un viaje distinto a los que hacemos habitualmente. Un viaje impulsado por una vocecita que suena en nuestro interior señalando que para vivir tenemos que dar un salto que nos saque de nuestra zona de confort,  con su componente de aventura, llevando con nosotros un granito de arena que junto al de otros se convertirá finalmente en una gran montaña.

Hace siete años, mi vocecita fue despertada por mi tía. En una de las presentaciones donde explicaba llena de entusiasmo los detalles, las vivencias y las experiencias que le aportaba el proyecto oftalmológico que desarrolla en Turkana (Kenia), me hizo ver que yo también podía hacer algo similar, que solo era cuestión de ilusión y dedicación.

Preguntando donde había hueco y donde podrían ser más útiles mis habilidades, me hablaron sobre las misiones de Etiopía y los colegios que tenían montados. Siete años después, puedo decir que me gustó la idea.

En siete años he visto cómo crecen los niños, cómo progresan las mujeres, cómo colaboran los hombres, cómo los arboles dan su fruto… En definitiva, he tenido el privilegio de ver cómo la comunidad se ha ido desarrollando.

Me hace mucha ilusión contar que después de ese tiempo hemos conseguido asentar un grupo de jóvenes en España que nos unimos mensualmente para compartir ideas y poner en marcha proyectos. A pesar de tener nuestros trabajos, estudios, a pesar del ajetreo de nuestras vidas, hacemos tiempo para reunirnos y sacar planes adelante. Es muy gratificante ver cómo incluso gente que no ha estado en Etiopía colabora desde aquí con la comunidad y se une a la causa. Porque no hace falta ir hasta allí para ayudar. Desde tu casa puedes colaborar haciendo tu aportación o ayudándonos a montar mercadillos, financiar proyectos y conseguir donaciones. Lo bonito de este viaje es el sentimiento de comunidad y el recibimiento que nos dispensan.

Hace 7 años, sentada en el porche de la casa de voluntarios de Andode, me hice la promesa de que volvería cada año y haría de esta comunidad mi familia y su casa mi casa. Solo he faltado un año, pero creo que puedo decir que estoy cumpliendo con mi promesa, viviendo cada año como si fuese el primero. Con las mismas ganas e ilusión.

Agradezco a las misioneras y a la comunidad haberme dado la oportunidad de acompañarlas y de haberme hecho crecer como persona porque os puedo asegurar que hay cosas muchas, y muy importantes, que no se aprenden en el colegio, en la universidad o en el trabajo. Lecciones muy importantes en mi vida que sólo he aprendido allí.

A vosotros quiero deciros que da igual tu edad, tu trabajo, tu estatus, el país en el que vivas… Si te apetece, ¡VENTE!

¡¡GRACIAS, AMMASAGUENALEHU¡¡

María García Izquierdo

Voluntaria

 

Mas info – admin@mcspa.org

Mi Experiencia en Malawi

25 septiembre 2019 Publicado por Testimonios 0 comentarios sobre “Mi Experiencia en Malawi”

Mi nombre es Caroline Auer, tengo 27 años y soy de Farchant, un pequeño pueblo en el sur de Alemania. Soy educadora y pedagoga religiosa. Trabajo como asistente pastoral y profesora de religión en dos conjuntos parroquiales en la Arquidiócesis de Múnich y Freising. Después de mis estudios y mi primer año de trabajo, quería volver a viajar al extranjero por un período extendido para conocer una nueva cultura y el trabajo pastoral en otro país. Tuve la oportunidad de vivir casi tres meses en la comunidad misionera de San Pablo Apóstol en la parroquia de Benga, en Malawi, y formar parte de la comunidad. Compartir la vida cotidiana y la fe, aprender a entender y a amar el trabajo pastoral en las comunidades, así como una nueva cultura. Un tiempo enriquecedor y valioso que seguirá siendo inolvidable para mí.

Comenzar el día juntos con la misa y terminarlo con la oración de la tarde en la iglesia, las vísperas, así como el trabajo común diario me integraron en la comunidad misionera. Más aún, la gente local se convirtió en mi familia, me sentía a salvo y como en casa.

Durante dos semanas trabajé en la guardería y en la escuela, ubicados en el terreno de la Misión mismo. Estoy impresionada de cómo los profesores educan y enseñan a los muchos estudiantes usando los materiales más básicos. La educación es la clave para una buena vida. Me alegra especialmente que la Misión se encargue de escuelas, posibilitando así un buen futuro a los niños y jóvenes.

Las celebraciones de la misa en los pueblos me impresionaron una y otra vez. Ahí podía sentir el enraizamiento profundo de la gente en la oración y la fe. A través del baile, la música y el canto, la misa se convierte allí en una celebración visible y tangible de la fe.

Algunas veces se me permitió visitar a los ancianos y enfermos en los pueblos. Cada mes distribuíamos alimentos básicos, llevábamos la Sagrada Comunión a quienes lo deseaban y rezábamos con ellos. Estas visitas eran regalos para mí. Era conmovedor ver a la gente regocijándose y agradeciendo la visita de Brian. A pesar de las simples circunstancias de la vida, ver esa alegría en los rostros de la gente siempre me motivaba a reflexionar sobre mi trabajo pastoral y la vida en Alemania. Estar allí para las personas, simplemente estar presente, escuchar y sonreírles a menudo vale más que las palabras.

Quiero llevarme eso para mi futuro trabajo como empleada de la iglesia: no esconderme detrás del escritorio, desarrollando conceptos y pasando la mayor parte de mi tiempo en la oficina. No quiero eso, sino quiero, como en Malawi, salir al encuentro de la gente, estar rodeada y a disposición de las personas.

Fue una experiencia bastante nueva pero especial para mí cuando construimos una casa para una anciana enferma. Traer ladrillos y agua, excavar el suelo para los cimientos y ver cómo se construye una casa, sin máquinas modernas, sino tan solo con trabajo manual. Ver la cara feliz de Belita, inaugurar su casa con una pequeña ceremonia de bendición y darle un hogar fue para mí uno de los mejores regalos de este período.

Tuve la oportunidad de aprender mucho del Padre Manuel, del Padre Fernando, del Padre Steven y Brian, que son tan apasionados con su profesión, con su vocación. Acompañarlos durante estos meses e intercambiar impresiones con ellos enriqueció mi tiempo en Malawi.

Recomendaría una estadía en la misión de Benga para cualquiera que tenga la oportunidad de ir por un cierto período de tiempo, aunque sea solo durante una o dos semanas. No se trata de cambiar ni mejorar Malawi, el sistema de una escuela o el trabajo pastoral. Al contrario, creo que todos podemos aprender de la gente de Malawi y hacer la experiencia de este intercambio mutuo, compartiendo unos con otros la vida comunitaria y nuestra fe. Se me permitió hacerlo y estoy muy agradecida por esta experiencia enriquecedora.

He encontrado un hogar allí y llevo este hogar, los encuentros y todas las personas en mi corazón y siempre serán parte de mi vida.

Sé que estoy conectada con la gente de la comunidad y de los pueblos de Malawi también a través de los continentes por medio de nuestra fe y nuestra oración.

Quisiera agradecer de todo corazón al Padre Manuel, al Padre Fernando, al Padre Steven, a Brian a todos los residentes de la Misión, así como a toda la gente de Malawi que me ha acogido tan calurosamente en su país, por este tiempo de formación.

Qué el Espíritu de Dios obre en todos los proyectos y qué la bendición de Dios esté con todos.

Caroline Auer

TESTIMONIO DE EMILIANO HERNÁNDEZ URRUTIA –

28 febrero 2019 Publicado por Noticias, Testimonios 0 comentarios sobre “TESTIMONIO DE EMILIANO HERNÁNDEZ URRUTIA –”

Queridos amigos y benefactores;

Voy a intentar resumiros mi historia, apenas unas palabras que no pueden expresar todo lo vivido, pero que espero os ayuden a acercaros conmigo a este trocito de Africa donde nuestra ayuda es tan necesaria.

2009: MI PRIMER VERANO EN TURKANA.

Empecé este proyecto como un joven estudiante, hace 10 años, cuando fui por primera vez a Turkana invitado por los misioneros de la MCSPA.

Ese verano marcó mi destino y descubrí mi vocación de enfermero.

Unido a otros jóvenes, “los jóvenes Lobur”, empezamos este proyecto.

Lo que empezamos unos pocos jóvenes un verano del 2009, con un presupuesto de apenas 1500€ para comprar medicinas básicas y administrarlas desde los centros materno-infantiles de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, con el tiempo ha evolucionado hacia un proyecto de salud de referencia en esta zona remota de Turkana.

Echando la vista atrás, me emociona ver que pese a las dificultades que podéis imaginar, los Turkana siguen su camino adelante, progresan poco a poco, aunque en nuestra cultura y sentido de la eficiencia a veces nos desesperamos.

2012: GRAN DECISIÓN, SOMOS ENFERMEROS. ¡NOS VAMOS A TURKANA!

Como os contaba, ese verano del 2009 fue la semilla para tomar una gran decisión años más tarde con mi mujer Teresa, entonces mi novia.

En el 2012 decidimos pasar un año y medio en Turkana como enfermeros recién licenciados e impulsar la clínica móvil, aunque en los comienzos era una moto-móvil la que nos transportaba a los poblados, pero no tardamos mucho en recibir vuestro apoyo y nos donaron el coche para ser formalmente una Clínica móvil.

Muchos son los cambios acontecidos, como sabéis los que nos seguís a través de los boletines.

Otros jóvenes enfermeros nos han relevado, hasta que volvimos en el 2018 a vivir otro año Teresa y yo con nuestro hijo de un año, José. Mientras con el grupo de jóvenes Lobur y otros profesionales desde España hemos ayudado a que la Clínica se consolide y crezca.

2018: VOLVEMOS TERESA Y YO CON NUESTRO HIJO JOSÉ

Este año 2018, ha sido un reencuentro con Turkana y con la clínica móvil que se ha consolidado en un proyecto de salud más amplio, con nuevos retos, logros y dificultades.

Hemos vuelto desde un momento vital distinto, ya no somos esos jóvenes soñadores abriendo el camino con una vieja moto, esta vez lo hemos vivido desde una experiencia familiar, dejando nuestras seguridades en España y adaptándonos a una nueva Turkana, pues son muchos los cambios acontecidos desde nuestros comienzos en el 2012.

Cambios que quizás a ojos de los que estáis en España no son perceptibles o tampoco son apreciables por muchos Turkana que luchan cada día por su supervivencia.

A pesar de ser una asistencia a la salud en una inmensa zona donde no hay apenas nada, a pesar de todas las trabas burocráticas con el gobierno que hay que salvar y todos los peros y dificultades, creo que esta semilla que plantamos juntos en el 2012 ya da sus frutos, frutos que crecerán con nuestra perseverancia y unión, para lograr que, en uno de los lugares más olvidados del planeta, los Turkana tengan algún día la asistencia básica que cualquier ser humano necesita.

NOTICIAS DE ESTE AÑO.

Esta zona de Kenya está empezando a tener más personal y medios en sus dispensarios.

Los MOH, jefe médico de cada condado, controla un presupuesto adscrito a su zona y en gran medida lo implementan bien.

Como podéis imaginar es una mejoría y es esperanzador que se hagan presentes, pero queda mucho que hacer y Turkana sigue siendo un lugar muy aislado y de una pobreza y hambruna que no podemos ignorar.Estamos trabajando para integrarnos en el programa de salud del gobierno y que algún día nuestra labor quede en manos de los locales.

A pesar de todas las dificultades no olvidamos que lo que empezamos Teresa y yo con los años ya es un programa de salud con un equipo de dos españoles y dos kenianos y asistentes y empleados Turkana, algo que en el 2012 ni imaginábamos.

LA EMERGENCY ROOM EN LA MISION, ¡UNA MARAVILLA!

Este año por los avatares y dificultades del clima, tres meses de lluvia que hacían inaccesibles los caminos y por la acción del gobierno, hemos estado trabajando mas desde la Emergency room.

Sé que ha sido un quebradero de cabeza y sobretodo un esfuerzo económico, pero ¡qué bien se trabaja, qué cambio, qué orden y sobretodo qué nivel de atención más bueno!

En la Emergency Room, o “futuro dispensario”, no hemos parado de atender emergencias, muchas de ellas bastante graves, otras llenas de vida, pues todos los partos de la zona y ecografías suceden aquí, ¡¡¡que maravilla!!

También hay que destacar el conocido caso de Asibitar, una bebé con cáncer que ha recibido una asistencia especial, que vive gracias al nunca desmedido esfuerzo de los benefactores y de nuestro equipo, especialmente Teresa Y Josephine.

De nuevo somos la referencia en la zona igual que lo fuimos con la clínica móvil, seguimos abriendo pequeños caminos para el futuro de la salud en Turkana.

NUEVO LABORATORIO EN LA EMERGENCY

Gracias al apoyo de la universidad de Alcalá de Henares y su programa de Cooperación, hemos recibido a Cristina, especializada en microbiología y parasitología que, con Martín, también enfermero de nuestra clínica móvil en el pasado, han montado este laboratorio.

Seguimos en contacto con la Universidad para continuar con esta labor, donde para empezar en su primera estancia, Martin y Cristina han detectado un tipo de malaria que no consideraban en la zona.

¡HASTA SIEMPRE!

Ha llegado el final de nuestra estancia en Turkana y hemos pasado el testigo de nuevo por unos meses a Paula, también enfermera de la Clínica en el pasado y repetidora estos meses de transición.

Muy pronto Paula nos mandará noticias y nos presentará a Iona, médico de Tenerife que viene un año a trabajar a la Clínica y ahora también Emergency room.

Hasta aquí os puedo contar.

Seguiremos apoyando desde donde estemos este precioso proyecto que crece con nosotros y que da esperanza a aquellos que como Asibitar sobrevive a su enfermedad, proyecto que da consuelo a madres que recorren kilómetros con un hijo moribundo, da Paz a aquellos que están muriendo en nuestras manos y donde nuestra asistencia es siempre alivio para los que sufren.

Mi mujer Teresa, mi hijo José y yo ahora tomamos otro camino, volvemos a España llevando a Turkana siempre en el corazón.

Volvemos profundamente agradecidos a los Misioneros, amigos con los que hemos aprendido tantas cosas y seguiremos aprendiendo y creciendo con ese espíritu tan fuerte que entrega la vida a los demás, a nuestros compañeros-as, con quienes hemos creado una unión más allá de la profesional, a Mamen por su paciencia, a nuestra familia turkanera, los “Jóvenes Lobur”

y a vosotros queridos benefactores que lo hacéis posible.

EMILIANO HERNANDEZ URRUTIA

Testimonio de Marta Guzman Perez

7 noviembre 2018 Publicado por Testimonios 0 comentarios sobre “Testimonio de Marta Guzman Perez”

Una experiencia humana inolvidable. Así describimos cómo ha sido nuestro viaje a Kenia un grupo de diez estudiantes de la Región de Murcia, al sureste de España.

Todo comenzó a raíz del interés que algunos de nosotros teníamos por hacer algún tipo de voluntariado en África. Fue ya hace un par de años cuando acudí con mi padre a una cena benéfica en Murcia. En esta, el padre Fernando, junto a algunas chicas que habían vivido la experiencia del voluntariado en Malawi y Kenia, nos explicaron todos los proyectos que se estaban llevando a cabo y cómo era la vida allí.

Recuerdo las imágenes de trabajadores construyendo una presa en Turkana, la zona más árida de Kenia. Y es que el noroeste de Kenia ha sufrido importantes sequías durante los últimos años, llegando a registrar una cuantía de precipitaciones inferior a 200cc en un año. Algo tan esencial como es el agua, un bien básico para la vida, se está trabajando día tras día en estas zonas para poder disponer de ella. La Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol promueve la creación y desarrollo de recursos acuíferos sostenibles y accesibles. Además, lleva a cabo proyectos de nutrición, salud y educación, acercándose, no sin un enorme esfuerzo diario, a una absoluta transformación social en Turkana.

Esta asombrosa ambición y lucha por el cambio, la he podido ver junto a mis compañeros estos 25 días en Kenia. La labor social que está realizando el padre Andrew en la Misión de Todonyang es inmensa. Me atrevería a decir, que es una persona plenamente consciente de que el cambio real de un pueblo se encuentra en la educación. En cada misa y en cada aula se invitaba a la reflexión. Se abordaban temas como la paz, tan necesaria en este lugar fronterizo en el que el conflicto entre la tribu turkana (Kenia) y la tribu marile (Etiopía) sigue vigente tras años de enfrentamientos a los que el gobierno keniano hace oídos sordos. También se hablaba de valores éticos como la generosidad, el respeto, la amabilidad, el amor.

Nos llamó mucho la atención el hincapié que hacía el padre Andrew en las cinco “palabras mágicas”: gracias, perdón, por favor, bienvenido y lo siento. Además, al hablar nosotros con los niños, pudimos apreciar lo sumamente agradecidos que están de recibir una educación y la motivación que tienen para estudiar en un futuro cercano en la universidad.

Por otro lado, a la vez que me alegraba al ver cómo las futuras generaciones tenían deseos de continuar sus estudios, me frustraba el hecho de saber que no sería viable económicamente para muchas de sus familias. Algunos tenían familias pobres, otros desestructuradas, otros eran huérfanos…y a día de hoy necesitan colaboración económica para poder acceder a la escuela de Nuestra Señora de la Paz, en Todonyang.

También visitamos otros centros educativos en Kapedor, Kokuselei, Kare-Edome y Nayanae-Kabaran. Allí los niños recibían tres comidas diarias y un vaso de leche a la semana. Además, la Misión de Todonyang, de la cual dependen estos cuatro centros, dispone de una clínica móvil que acudía una vez a la semana para atender a las personas enfermas de cada poblado, tras la celebración de la misa oficiada por el padre Andrew.

Siete de los diez componentes del grupo que fuimos, somos estudiantes de Medicina, algunos ya acabando la carrera. Por ello, decidimos que ayudar en el ámbito sanitario sería lo que mejor podríamos hacer. Nuestro papel allí, mayoritariamente, fue la renovación del dispensario médico que tenía la Misión de Todonyang. Nos encargamos de desembalar numerosas cajas que estaban almacenadas con decenas de medicamentos y nos dedicamos a clasificarlos según su función (antibióticos, corticoides, antimaláricos…). También tradujimos los prospectos médicos del español al inglés, pues voluntarios que habían ido con anterioridad llevaron medicamentos sin caer en la cuenta de que el enfermero y el auxiliar presentes en la Misión no serían capaces de entender lo que ponía en ellos. A su vez, resumimos las indicaciones terapéuticas que tenían, las contraindicaciones, las dosis que se debían administrar en cada caso, etc…

De esta forma, también nos dimos cuenta de que la sanidad es otro aspecto a mejorar en este territorio, y en el cual la MCSPA también trabaja y lleva a cabo proyectos. La clínica móvil es una muy buena iniciativa, además de proyectos oftalmológicos que ha habido en Turkana, y la educación sanitaria activa de profesionales de la salud como es el caso de una misionera española que conocimos en Kokuselei, Cecilia, pues ayuda a que la atención a la población sea lo mejor posible.

Son tantos los aspectos en los que trabaja la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, tantas las necesidades que tiene Turkana y sus habitantes y tantas las personas que pueden ayudar a que la transformación sea real, que nosotros como grupo nos comprometemos a hablar sobre la realidad que existe en Turkana, un pueblo pobre económicamente pero rico en personas valientes, agradecidas, alegres y llenas de vitalidad. Queremos dar las gracias especialmente a Andrew y Cosmus (seminarista de la Misión), que han estado con nosotros en todo momento, y cuya alegría y optimismo, a pesar de la falta de medios, hacen posible que se de un nuevo paso cada día. También queremos agradecerle a Josephine, misionera en Todonyang, que haya compartido sus experiencias e historias que nos han acercado aún más al entendimiento de la realidad que existe en el país africano. Por nuestra parte, ya habiendo pasado un tiempo y aun estando lejos, no vamos a olvidar nunca lo que hemos vivido y visto allí, a las personas que hemos tenido la suerte de conocer, a los niños, que nos han enseñado tanto sin si quiera saberlo, a los que han compartido con nosotros sus historias, su tiempo, sus formas de ver la vida, y a los que han encendido en nosotros el espíritu solidario. Contad con nosotros para lo que haga falta.
Asante sana por tanto.
******************************

Quería compartir este artículo que he escrito para un periódico de allí para que las personas cercanas de mi entorno conozcáis la realidad que existe en la zona de Kenia en la que he estado este verano. Para que sepáis de primera mano que somos unos auténticos afortunados. Ojalá todos tuviésemos cubiertas unas necesidades básicas para una vida digna, pero desgraciadamente no es así. Ni nosotros ni ellos tuvimos la elección de nacer en un sitio u otro del mapa. Pero sí tenemos la elección de mirar para otro lado (es lo fácil) o no hacerlo. Tenemos la capacidad de elegir sentirnos hermanos de ellos. Porque, al final, eso es lo que sentía cuando miraba a los ojos a personas tan absolutamente distintas a mí físicamente, con largos collares de colores, un saludo peculiar, un dialecto tan autóctono, con pelos tintados de cera, numerosos abalorios y una sonrisa incomparable. Qué distintos y a la vez qué iguales somos todos.

Ayudemos a los que no tuvieron la misma suerte. A los que no saben más allá de una vida sencilla, basada en la ganadería o la pesca. Ayudemos a esos niños que gracias a esta Fundación tienen la posibilidad de estudiar y formarse académica y personalmente. Sus padres no vivieron eso…muchos no saben más que el dialecto turkana, hacer casas con paja y ramas de árboles, llevar al ganado y pensar qué cocinar cada día. Era todo tan arcaico que costaba entender cómo la globalización no ha llegado a determinados puntos del mundo. Impactaba ver cómo con tan poco eran tan felices y más aún pensar cómo aquí tenemos tanto y a menudo, hay tanta gente infeliz…Aprendamos de ellos, pero también, ayudémosles a que tengan las herramientas para crecer como país, como sociedad, como personas. Todos nosotros somos personas individuales que poco podemos hacer desde aquí a nivel de actuación. Eso pensé yo y eso me frustraba estando allí. Luego pensé que soy una persona individual, sí, que poco puedo hacer, pero que quizás compartiendo mi experiencia y contando lo que he visto con mis propios ojos podría transmitir una mínima parte de cómo es la vida allí. Os animo a colaborar con todos los proyectos que lleva a cabo la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, que tan buena labor social y humana hace día tras día, formada por personas que se han entregado al 100% a la vida humanitaria. En las noticias sólo se habla de asesinatos, violaciones o corrupción…ojalá se le diera voz a la parte del mundo con buenas intenciones, acciones y a aquellos que escogen el camino más difícil pero en mi opinión, el más digno de admirar.

Os dejo un enlace donde podréis hacer donaciones para llevar a cabo proyectos en educación, sanidad y nutrición. Es una campaña puesta en marcha por otra chica que fue a la misma misión que nosotros y que también comparte su experiencia allí.

¡Juntos somos más! Os dejo un proverbio africano que me encanta: “Si quieres llegar deprisa ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

ASANTE SANA, MUCHAS GRACIAS.

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