Ayer celebramos con alegría el aniversario de nuestro querido fundador, el P. Francisco (Paco) Andreo, compartiendo oraciones, recuerdos y una inmensa gratitud envuelta en un espíritu de comunidad compartida.
La celebración comenzó con la bendición de la tumba de Paco, un momento solemne y profundamente emotivo que nos movió a reflexionar sobre su vida, su visión y el legado que nos dejó. Tras la bendición, plantamos un árbol de aguacate junto a la tumba como símbolo de vida, crecimiento, alimento, y continuidad del sueño de Paco de convertir Turkana en un jardín. El árbol es un recordatorio vivo de como las semillas que Paco sembró a través de su misión siguen creciendo y dando fruto en la vida de muchas personas.
El día continuó con una hermosa misa presidida por el P. Víctor Otieno. Una celebración a la vez alegre y reflexiva, centrada en la gratitud por la vida de nuestro fundador y por el impacto duradero de su misión. La iglesia se llenó de niños, jóvenes, hombres y mujeres y juntos celebramos la vida de nuestro fundador.
En su homilía, el diácono Stephen Iyerio, haciendo eco de las palabras de la Carta de Santiago, nos exhortó a “encontrar alegría en nuestras pruebas”, porque la resistencia en medio de las dificultades produce perseverancia, y la perseverancia conduce a una fe firme. Las pruebas no son obstáculos para nuestro crecimiento, sino el motor de ese crecimiento. Dios utiliza el fuego de la vida para quemar lo superficial y arraigarnos en la verdad y la sabiduría.
Como miembros de la MCSPA presentes en muchos países, somos ejemplos vivos de resistencia ante múltiples pruebas y desafíos y gracias a perseverar en la fe y permanecer unidos, podemos continuar nuestra labor en el mundo. Esta perseverancia y unión son valores que Paco nos inculcó.
Un momento especialmente conmovedor durante la misa fue cuando la Dra. Ana Mañas, oncóloga de Paco, compartió un emotivo testimonio de su primer encuentro con él como paciente. Él le dijo que era misionero y que estar en África le hacía sentirse mejor, y expresó su deseo de regresar a Kenia para morir y ser enterrado detrás de una hermosa iglesia.
A través de todos estos recuerdos, se nos recordó no solo el papel de Paco como verdadero pastor, sino también su labor misionera y su profunda compasión.
Después de la misa, repartimos pan y zumo a los niños, continuando la convicción de nuestro fundador de cuidar a los niños y a los más vulnerables. Las sonrisas y la alegría compartidas en ese momento reflejaron el verdadero espíritu de la celebración.
Concluimos el día compartiendo un magnífico almuerzo con los miembros, aprendices y visitantes. Un momento de fraternidad, unidad, risas y fortalecimiento de lazos como comunidad, así como de acogida a quienes se unieron a nosotros para conmemorar este día tan especial.
Que sigamos manteniendo vivo el legado de Paco e inspirando a más jóvenes, hombres y mujeres, a seguir a Cristo.
Por Agostinho Barros de Deus
Aprendiz Senior,
Misión de Nariokotome [Kenia]
Y Maggy Gitau
Aprendiz Senior,
Misión de Kokuselei [Kenia]











