Visita a las misiones de la MCSPA: La vivencia de un Dios vivo

16 septiembre 2026 Publicado por MCSPA, Testimonios 0 comentarios sobre “Visita a las misiones de la MCSPA: La vivencia de un Dios vivo”

Este viaje empezó gracias a nuestra tía, Sarai Zavala que es misionera de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol desde hace 23 años. Ella fue quien nos invitó a conocer de cerca Etiopía, las personas y, sobre todo, la misión a la que ha dedicado su vida. Viajamos desde México, su hermana Yadira, nuestro tío abuelo Salvador —que además tuvo la suerte de celebrar sus 91 años en Etiopía— y nosotros, Aranzazú y Samuel.

 

Hasta ese momento, la misión era algo que conocíamos principalmente a través de lo que nuestra tía nos contaba cuando venía a México. Pero estar ahí fue completamente diferente. Por primera vez pudimos ver con nuestros propios ojos cómo es su día a día y entender un poco mejor por qué decidió entregar su vida a los demás.

 

Desde que llegamos a Addis Abeba nos sentimos recibidos como en familia. Las misioneras que conocemos desde toda nuestra vida, 17 y 23 años respectivamente, nos acogieron con muchísimo cariño.

 

Nuestra primera visita fue a la misión de Dakuna, en Endibir. Allí las misioneras nos enseñaron el lugar y nos explicaron el trabajo que realizan con la comunidad. Después fuimos a Muketurri, donde pudimos involucrarnos un poco más y ayudar, junto con las voluntarias que se encontraban ahí, en algunas de las actividades con los niños del centro materno infantil y de los comedores infantiles en las aldeas aledañas.

Finalmente llegamos a Mizan Teferi. Allí conocimos a los niños de la guardería y también a niños que viven en situación de calle, a los que las misioneras se vuelcan para darles un mejor futuro.

 

El viaje nos ha impactado profundamente, nuestros corazones fueron testigos de algo verdaderamente extraordinario: personas que, con entrega y generosidad, dedican su vida a ayudar, inspirar y acompañar a quienes más lo necesitan. Ha sido una experiencia invaluable y conmovedora, en la que pudimos sentir de cerca el amor y la pasión que se respiran en cada una de las misiones que visitamos: Endibir, Muketurri y Mizan Teferi. Aunque cada una desarrolla una labor distinta, todas comparten un mismo propósito: construir una comunidad unida como hermanos e hijos de Dios.

 

También nos impresionó descubrir que las misiones están abiertas a todos, sin importar su religión. Todas buscan construir comunidades capaces de salir adelante juntas, donde cada persona pueda aportar su granito de arena.

 

Gracias al esfuerzo constante, la dedicación y el compromiso de todas las personas que forman parte de la misión, los frutos de su entrega llegan cada vez más lejos, alcanzando a más personas y tocando cada corazón que encuentran en su camino.

 

Haber sido testigos de esta labor nos deja una huella imborrable y nos inspira a ser mejores seres humanos, recordándonos que el servicio, la solidaridad y el amor al prójimo tienen el poder de transformar vidas y construir un mundo mejor.

 

Nos hemos dado cuenta de que lo que las misioneras logran es que las personas se sientan agradecidas y escuchadas ante sus necesidades, lo que construye un puente a una fe en la que las personas se unen por el propósito de ayudar al prójimo. Porque para ayudar al prójimo no tienes por qué empezar con algo enorme, se puede empezar simplemente con la decisión de mirar a la persona que tienes delante, escucharla y estar dispuesta a hacer algo por ella. Y para nosotros eso fue encontrarnos con un Dios vivo.

 

Por Aranzazu Zavala y Samuel Sánchez

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